miércoles, 30 de mayo de 2012

Runes (II): Els avantpassats

Runes de Pollentia, Alcúdia.
Un dia va saber el perquè de l’aturada de les obres, hi havia cintes taronges que delimitaven quadres de terra, i tornaren els cascs grocs, però no els obrers. Ella seguia somiant, evocant la ciutat de Pollentia i gaudia imaginant la vida d’aquells avantpassats. Havien trobat runes! I ella reia, recordant els seus somnis jovenívols de ser una arqueòloga. D’explorar amb lupa pam a pam, tot allò que en quedava de la història. Llavors era inevitable, passar-se hores davant aquella finestra; i l’obria, per sentir-se part d’aquell descobriment. Respirava aquell ambient i tornava a viatjar. El descobriment de les rajoles verdes, no era res comparat amb l’emoció que sentia, quan algun dels treballadors de les runes, cridava emocionat perquè havia trobat alguna cosa. Somiava. I somiava, que s’hi veia. Era ella qui havia cridat perquè havia trobat un utensili de metall, que encara no sabia ben bé per a què servia, però sabia que no era part d’aquella casa esbucada sinó d’aquell interior que bategava emocionat per haver tornat a veure aquell blau intens. I seguia formulant teories, com la que diu que la vida dels avantpassats batega baix les nostres cases. De fet, segur que davall d’aquell hospital hi havia alguna cosa emocionant; unes runes equiparables a aquelles que ella veia a través de la finestra.

sábado, 26 de mayo de 2012

Runes (I)


Cada dia a la mateixa hora s’acostava a la finestra del segon pis per veure com avançaven les obres. Sentia una emoció estranya veient aquell anar i venir d’obrers. Sentia un plaer similar al que senten els picapedrers jubilats que passen hores davant les obres per veure com han evolucionat les tècniques dels manobres i per riure de les errades dels inexperts. Només hi havia una diferència. Que ella no en sabia d’obres, ni de marges, ni de picar pedra. Però allà estava cada dia a la mateixa hora, analitzant tot allò que passava a l’altre costat del vidre. Calculant, o més bé somiant en que és convertirien aquell munt de runes i que hi naixeria després. Veia passar els obrers, amb el casc groc, les paleres; i sentia una escalforeta cada vegada que descobria un canvi. 

De la rapidesa de la demolició va passar a un temps de silenci. Els obrers deixaren de venir i ella s’acostuma a mirar més amunt. Ja no hi havia el tragí de pedres, ni d’enderrocs. Partiren les maquines deixant espai a un cel obert, més blau que mai. Ella seguia anant-hi cada matí per mirar el cel blau i inventar històries sobre la gent que vivia abans en aquella casa. Tenia una estranya teoria, creia que part de la vida dels habitats d’una casa es veia reflectida en les parets que quedaven en peu després d’esbucar un edifici. Potser no s’equivocava. Va estudiar pam a pam l’única paret que quedava en peu, la que coincidia amb l’edifici veïnat. 

Cada dia un tros més. Per descobrir: les rajoles verdes del que devia ser el bany del primer pis, el marc d’una finestra tancada que pareixia impossible que pogués obrir-se a través d’aquell mur, una sanefa blava que recordava a les antigues cuines mallorquines; i un armari, que encara conservava aquell paper pintat de flors, que un temps devia protegir la fusta de les taques. Ella somiava i s’hi veia. Recreava com hagués estat la seva vida en aquella casa imaginaria. Formulava teories sobre el perquè de l’ensorrament i en silenci desitjava que no hi construïssin al damunt. Des del no res, se li obria un món d’imaginació. Sense regles, sense ciment, només imatges que passaven pel seu cap i s’hi quedaven durant hores. Perquè ella, seguia amb la seva vida però d'alguna manera arrossegava aquelles imatges. [...]

jueves, 29 de septiembre de 2011

Pueden romperte el corazón


Pueden romperte el corazón y reponerte; pero cada vez que alguien pase el dedo por la cicatriz, volverás involuntariamente a sentir ese mal, una y otra vez. Piensas por un momento que quizás la solución sea, no dejar que nadie te toque. Pero sabes que esa estupidez no hay manera de mantenerla, pues como animal en celo te acercas a cualquiera que finja darte amor. Y una y otra vez te hieren irremediablemente, ese corazón, que late por seguir adelante. Un corazón maltrecho que una vez te amo, y que te sigue buscando cada noche, en los brazos de otro.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Café


Te veo pasar cada día con el café de otro bar y me pregunto, si esta infidelidad tuya durará para siempre. Te veo pasar cada día, feliz; sintiendo el calor del café de ese otro bar y me pregunto si algún día, mirarás más allá de tus pasos y me verás en la ventana de enfrente, con un café en mi mano esperando a que entres y te lo lleves. Te veo pasar cada día, mientras preparo un café que sé que nunca te vas a tomar, mientras espero a que entres y te quedes conmigo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Preguntas estúpidas en un día triste

¿Cómo te vistes el día que sabes que van a despedirte? Total; si después resulta que el tío es un soso y tú de vuelta a casa te planteas: ¿Y para eso me he duchado? (Si encima llueve y el pelo no me ha quedado bien). El día en que te despiden de un trabajo deberías poder ir en pijama o mejor, deberían desplazarse ellos para que el susto te pillará en casa. Aunque para bichos los que tengo detrás de la lavadora, que en mi casa no entra cualquiera y menos un tipo que pretende no verme nunca más a golpe de talonario. No sé como deben hacerse esas cosas, ni como afrontar un antes; ni un después. Puede que no sepa más que lo que he vivido,... unos nervios que nacían en el estomago, unas ganas de llorar irrefrenables, y decepción. Mucha decepción por no poder creer ciegamente, en algo que me gustaba... que me gusta. Pena, por no volver a compartir risas, broncas y recuerdos con esos grandes profesionales, que cuándo todo falla, ellos sacan fuerzas de donde sea necesario para que todo salga bien. [...] Por ahora lo celebraré con sushi, que creo que 5 años de trabajo (malo o bueno) se lo merecen!

martes, 29 de marzo de 2011

Tarde azul y amarilla


De mayor quiero ser enfermera y poner inyecciones de mentira y tiritas de tela. De mayor quiero ser un gran carpintero para hacer con mis herramientas de peluche los muebles de mi casa de cartón. En realidad quiero ser independiente y comprar con mi dinero hortalizas de tela y hamburguesas de fieltro; para alimentar a mis hijos de ojos claros y pelo rubio made in China. Quizás lo único que NO quiero, es ser mayor. ¡Pero vaya! A ver, ¿quién entre tantos relojes se atreve a parar el tiempo? ¿O quién es el valiente que entre tanta oscuridad enciende una lámpara? Roja, verde, o rosa,... aún sin saber si el rosa nos gusta. Quizás no sea valiente, pero si charlatana. Hay quién asegura, que hasta de dormida, no me callan; que cuando voy a nadar trago agua por no callar. Yo no sé de lámparas, ni de oscuridades, ni de problemas, ni de nada. Quizás con la edad des-aprendo en vez de aprender. Yo sólo sé de historias vividas, de vestidos y de colores. ¿Y porqué no? ¿Porque no cambiar un día gris, por una tarde azul o verde,...? Una tarde donde soñar es gratis, donde pensar en casas, cortinas y obras no cuesta dinero. Una tarde en que todo es posible. Un ratito que quizás no soluciona nada, pero anima, alegra (y es divertido). En tus días grises, siempre tendré tiritas de tela para ti, en mi casa de cartón. ¡Eso sí! A cambio te contaré mi vida, una vez más. ¡No por nada, soy así!

lunes, 14 de marzo de 2011

27 de mayo

La primera vez que te moriste, nos contaron que había una pastilla que mitigaba el dolor; que te hacía olvidar el porqué de tu tristeza. El primer día que te moriste intentaban convencernos de que si la tomábamos no sentiríamos nada. Sólo al cabo de unos meses notaríamos tu ausencia, sin saber el porqué. Era una pastilla mágica -decían - que te hacía olvidar, que te hacía olvidar el motivo de tu dolor. Digo, la primera vez que te moriste, porque cada año mueres un poco más. Este año has muerto por décima vez y por décima vez intentamos no olvidar... Digo, intentamos,... porque aunque no queramos con los años vamos cambiando y con nosotros cambian nuestros recuerdos: ya no eres tan cabrón como antes, suavizamos todo, las historias, las anécdotas; lo gracioso nos parece, más gracioso; y lo triste, nos parece mucho más triste,... Muchísimo más triste. No sabes lo triste que nos parece que te fueras, no sabes lo triste que nos sigue pareciendo, ahora, diez años después. ¡No lo sabes! ¡O sí! ¡O quizás sí lo sabes! Quizás sabes lo triste que nos parece y des de arriba te sigues riendo de nuestras gilipolleces, de lo que vamos haciendo o de lo que deshacemos. Quizás has aprendido, quizás eres más responsable y nos miras, y nos controlas,... o quizá no. Quizá,... ¡Maldita palabra! Quizá eso era el destino: joderte, jodernos. .. Quizá lo hiciste aposta -digo tú- maldito Dios. ¡Sí! Quizá lo hiciste para darnos una lección, una lección que a día de hoy no sé si ha servido de algo, o quizá no. Quizá es que era así, era así des de antes de que naciéramos. Quizás todo tiene un porqué. Pero, no sé, no lo entiendo; diez años después sigo sin entender ese maldito porqué. No lo entiendo, no lo comparto,... y no lo apoyo. Las buenas personas no deberían morir. ¡Sí! A los 17 años no se debería morir. .Las buenas personas no deberían morir. A las buenas personas no deberíamos olvidarlas, aunque inevitablemente cada año se olvida un poco más, aunque inevitablemente cada año duele un poco más,...